lunes, octubre 09, 2006

Freud y la cocaína: ¿experimentos con uno mismo?

Lic. Rosa Aksenchuk
En: Psikeba

El psicoanálisis emerge históricamente en el punto en que la práctica médica encuentra su límite. En una realidad cultural signada por la represión y la tradición positivista fue necesario que Freud tropezara con serios obstáculos y que haya sabido no descuidarlos, para que se autorizara a apartarse del discurso dominante. No sólo las histerias asomaban como obstáculo en aquellos primeros pasos del camino abierto por Freud, su relación con la cocaína también constituyó un atolladero que logró sortear produciendo incluso una ruptura con el saber médico en momentos en que a través de destacadas labores investigativas como neurólogo aspiraba a alcanzar un renombre dentro de la comunidad científica. [1]


























Suele decirse que la falta de escritos específicos sobre las toxicomanías en la obra freudiana constituye una especie de punto ciego vinculado con su propia potencialidad adictiva , o más aún, que su affaire con la cocaína en los años 1880, habría bloqueado la elaboración teórica sobre este particular. Esta explicación, si bien introduce una disyunción entre droga y palabra que no deja de ser interesante, es rebatible en lo que a adicicción se referiere, si se considera que Freud alcanzó la edad avanzada en admirables condiciones de agilidad y lucidez mental.

El 30 de abril de 1884, con tres años en la profesion de médico, Freud comienza a experimentar - sobre sí mismo, sobre Martha y sobre otros – los efectos de la cocaína. Habiendo leído los experimentos de Aschenbrandt sobre la administración de droga a soldados en maniobras con el fin de combatir la fatiga, intentará averiguar por qué vía la cocaína podía aliviar la angustia y la depresión. La carta del 21 de abril de 1884 en la que anoticia a Martha sobre "un proyecto terapéutico y de esperanza" es el primer antecedente sobre el asunto: "He leído últimamente algunas cosas sobre la cocaína, el ingrediente activo de las hojas de coca que algunas tribus de indios mastican a fin de aumentar su resistencia al hambre y la fatiga. Un alemán (se refiere a Aschenbrandt, 1883) ha probado este producto con algunos soldados y afirma que efectivamente sirve para hacerles más fuertes y resistentes. Ahora he hecho un pedido y por razones evidentes voy a probarlo en casos de enfermedades cardíacas y después de agotamiento nervioso, sobre todo en el terrible estado que se produce cuando deja de tomarse morfina (como en el caso del Dr. Fleischel)" .

Sus experimentos prometedores lo llevan a escribir Uber coca, un artículo que sienta precedentes en los anales de la investigación científica porque introduce la cocaína en la medicina y satisface en todos los sentidos las exigencias que incumben a este género: descripción botánica de la planta, datos históricos detallados de su utilización en Perú, recorrido completo de la literatura científica que le había sido consagrada, fórmula química del alcaloide, estudio de los efectos en los animales, repertorio de lo que se sabe de sus efectos en el hombre con aporte de una experimentación original y un análisis argumentado de sus numerosas indicaciones en función de hipótesis que conciernen a las vías y a los modos de acción fisiológica del producto.

Para situar el alcance de Über Coca, sería conveniente dejar de lado lo que hoy evoca el término cocaína y acomodarnos al hecho de que esta no era entonces para nada un producto prohibido. La prohibición data de 1906. En los años 1880, la cocaína gozaba en los Estados Unidos de una inocente preferencia que superaba ampliamente los círculos médicos. El consumo de vinos que contenían coca – los vinos Mariani – era cosa popular. Cuando Albert Niemann [2] logra aislar el principio activo de la materia prima del Vino Mariani, la cocaína se vuelve objeto de una campaña promocional montada por Parke & Davis y otros laboratorios interesados en su distribución mundial. La propaganda emplea lemas similares: "No pierda tiempo, sea feliz; si se siente pesimista, abatido, solicite cocaína." La Coca-Cola iba a contener cocaína hasta 1903. La asociación contra la fiebre del heno había adoptado la cocaína como remedio oficial. En suma, el entusiasmo era casi general con respecto a este maravilloso sustento que fortifica el sistema nervioso, ayuda a la digestión, estimula los cuerpos fatigados, calma los dolores y libera de la toxicomanía a aquellos que están enredados en ella. La situación era muy diferente en Europa, donde se hablaba muy poco de la cocaína.

No hay que excluir que el interés suscitado por Über Coca se haya debido al hecho de que se trataba del mejor estudio europeo escrito hasta entonces. Es de notar, además, que el status que reviste nosológicamente la neurosis en sus inicios (1785), conforme con el modelo anátomo-clínico, responda a un modelo "lesional". De allí Allouch infiere que "si el discurso médico en el cual se inscribe se caracteriza por tomar su apoyo sobre el significante-amo de la lesión, la cocaína será ese objeto que en el lugar del Otro, dará consistencia a lo supuesto de esta lesión al ratificar en contrapunto su verdad. De allí que la cocaína no es y no podría ser un medicamento entre otros. Ella encarna, por confirmar la lesión, lo que es necesario designar como lo que es el medicamento. Resulta de ello que su acción no podría ser unívoca pues esta univocidad dejaría lugar a otra acción posible y, entonces, a otro medicamento. Über Coca marca esta posición eminente."

Por lo demás, el artículo muestra un tono de entusiasmo que Bernfeld no deja de destacar: Freud escribe por ejemplo acerca de un “don” (Gabe) de cocaína allí donde hubiese debido hablar, en términos científicos, de una dosis. Bernfeld extrae de ello, con razón, la conclusión de que ese texto está atravesado por una “corriente subyacente muy persuasiva”. Freud le escribe a Martha y habla allí de su texto como de un “cántico a la gloria de la cocaína”, confirmando así lo que le decía el 25 de Mayo cuando acababa de curar con coca a un enfermo afectado de un catarro gástrico: “Si todo va bien, escribiré sobre esto un artículo y espero que la cocaína se colocará al lado y por encima de la morfina. Ella hace nacer en mí otras esperanzas y otros proyectos. La tomo regularmente en muy pequeñas dosis para combatir la depresión y la mala digestión y esto con el más brillante éxito. Espero lograr suprimir los vómitos más tenaces, incluso si son debidos a algún grave padecimiento; en resumen, sólo ahora me siento médico pues he podido acudir en ayuda de un enfermo y espero socorrer a otros.”

Jean-Luis Brau en su Historia de las drogas, refiere que el amor tuvo la culpa de que el fundador del psicoanálisis no fuese el primero en descubrir las propiedades anestésicas de la cocaína. Se refiere al hecho de que cuando Freud decide emprender sus dos investigaciones paralelas: sobre los efectos anestésicos y como posible cura para la adicción de los morfinómanos, su novia, que residía en Hamburgo, lo llamó para que acudiese a verla, y Freud encargó a su colega, el doctor Köningstein que continuase sus trabajos, quien a su vez se remitió al doctor Koller para terminar los experimentos. Koller logró utilizar la cocaína como anestésico local y resumió su descubrimiento en una comunicación a la Sociedad Oftalmológica de Alemania el 15 de septiembre de 1884 adquiriendo la posición célebre ante la comunidad científica tan añorada por Freud.

Luego de recetar cocaína en pequeñas dosis como antidepresivo, Freud publica sus Escritos sobre la cocaína donde sugiere seis campos para su aplicación terapéutica: 1) como estimulante, 2) para trastornos gástricos, 3) para la caquexia (pérdida de fuerzas y reservas alimenticias), 4) para curar a morfinómanos y alcohólicos, 5) en aplicaciones locales, y 6) como afrodisiaco.

Pero el pharmakon [3] reveló rápidamente su cara diabólica. Fleischl, su muy admirado colega, quien tomaba morfina para luchar contra los dolores causados por la amputación de un dedo de la mano, sucumbirá lentamente a los efectos de la cocaína recetada por Freud. Fleisch murió adicto a esta última. Freud cargó con esa muerte llevándola como acusaciones de su Superyó durante largo tiempo, como lo testimonió el sueño de “La inyección de Irma”. Este trágico desenlace ha sido tal vez una de las razones más poderosas que empujaron a Freud a insistir en el tratamiento por la palabra, descreyendo de los fármacos que asomaban entonces. Pues si, como señala Pierre Eyguesier [4], el encuentro de Freud con la cocaína marca "la puerta de entrada para la experiencia psicoanalítica de una manera tan decisiva como el autoanálisis", su ulterior abandono como pharmakon es concomitante al descubrimiento de la dependencia de las producciones histéricas a los hechos de lengua, lo que abrió la posibilidad del paso al tratamiento por la palabra.

En julio de 1885 Erlenmeyer prueba el tratamiento propuesto por Freud, pero observó que aparecían síntomas de estrés físico y mental en los pacientes durante el período de consumo y de abstinencia de este fármaco, que causaban alucinaciones visuales y auditivas, así como un síndrome maníaco agudo. Estos estudios hicieron que Erlenmeyer discutiera la ligereza con la que Sigmund Freud recomendaba el empleo de la droga como tratamiento de deshabituación de la morfina. Cuando Louis Lewin lanza un escandaloso ataque a las opiniones de Freud, que defendían a la cocaína como sustancia incapaz de provocar daño alguno, y se opone a su utilización para el tratamiento de los adictos a la morfina, Erlenmeyer se suma a la embestida y acusa a Freud de haber desatado sobre el mundo "el tercer azote de la humanidad", después del opio y del alcohol .

Desde los inicios de sus investigaciones Freud avizoraba en la cocaína un medio poderoso para aliviar y hasta suprimir sus propios sufrimientos. Desde sus primeras experiencias efectuadas sobre sí mismo, adhiere con entusiasmo a las tesis de Mantegazza, para quien la cocaína resultaba casi universalmente eficaz para mejorar los desórdenes funcionales agrupados bajo el nombre de neurastenia. Freud llamaba así al conjunto de manifestaciones patológicas que por entonces él mismo padecía: estados transitorios de fatiga, apatía, depresión, trastornos digestivos, crisis de ansiedad, síntomas neuróticos que perturbaban principalmente su capacidad de trabajo intelectual.

Dirá Freud: “El efecto psíquico del cloruro de cocaína en dosis de 0.05 a 0.10 gramos consiste en optimismo y una duradera euforia, que no muestra diferencia alguna con la euforia normal de una persona sana. No aparece la sensación de excitacion que acompaña los estímulos producidos por el alcohol. También produce la característica necesidad de emprender inmediatamente alguna actividad, típica del alcohol. Se nota un aumento del control de uno mismo y también que uno tiene gran vigor y es capaz de trabajar; por otro lado, si uno se pone a trabajar echa de menos ese aumento de la fuerza mental que el alcohol, el té o el café producen. Uno se encuentra sencillamente normal, y pronto le resulta difícil creer que se encuentra bajo los efectos de una droga.” Y: “He comprobado en mí mismo unas doce veces este efecto de la coca, que suprime el hambre, el sueño y la fatiga, y permite acentuar el esfuerzo intelectual.”

La acción de la cocaína se revela benéfica tanto para anestesiar las necesidades fisiológicas y hacer olvidar los dolores, como para despertar y motorizar el rendimiento físico e intelectual. Freud se hacía lenguas de la prodigiosa acción estimulante de la coca: “Todos las opiniones concuerdan en que la euforia despertada por la coca no va seguida de ningún estado de lasitud, de ningún tipo de depresión.”

Fernando Geberovich afirma que: “la cocaína pasó a ser para Freud el antídoto mágico, de un lado para anestesiar todo lo que, de fuente interna o externa, arriesgara ser un obstáculos que lo alejara de sus ideales, y del otro para estimular todo aquello que lo acercaba a ellos; ideales que pueden resumirse en una doble representación: la Naturaleza y sus secretos, Amor y Ciencia, Femenino y Pensamiento. Pero este “protector químico de los ideales” se transformará rápidamente en ídolo todopoderoso, como lo atestigua esta carta a su novia:“¡Ten cuidado, Princesa mía! Cuando vuelva te besaré hasta que quedes toda roja. (...) Este muy conocido pasaje muestra que, cuando el objeto de investigación pasa a ser el objeto en el cuerpo, el remedio se transforma en sustancia mágica a glorificar, y no podemos menos que constatar un fenómeno de erotización del ideal.”

Sobre este punto de coalescencia de lo mágico y de lo científico que Uber Coca deja traslucir, y que ha sido descuidado en la biografía freudiana al punto de reducir la relacion de Freud con la cocaina a un simple episodion – como se verá – , se asienta la tesis que Allouch desarrolla en “Letra por letra” cuando señala que “es por haber escrito su experiencia ligada a la cocaína en términos ligados a las exigencias universitarias, de un discurso científico, que Freud llegó a renunciar a los “beneficios” de esta substancia tan ponderada.”

Mientras Jones relega el asunto a un hecho episódico juvenil y a una falta de espíritu crítico que le impidió dar su verdadero alcance al hecho. Bernfeld asevera que el entusiasmo de Freud por conseguir cierto potenciamiento gracias a la droga no perseguía otro fines que los del trabajo; cuando, en rigor de verdad, en sus cartas a Martha abundan fascinantes metáforas guerreras organizadoras de la relación con su novia y sugerentes alusiones sobre los efectos “mágicos” del fármaco como realizar sin fatiga largos trabajos, mantenerse despierto a controlar el apetito, esto último lo lleva incluso a considerar la posibilidad de prescribirla para evitar los vómitos. Por otra parte, Byck, pródigo en elogios, se afana en presentar a Freud como precursor de la psicofarmacología, en una línea cercana a la de Moreau de Tours como la del experimentador que se toma a sí mismo como cobayo [5]; presentación desatinada [6] considerando que Freud se apartó tempranamente de sus investigaciones farmacológicas.

Con un tono de manifiesta decepción Freud calificará en 1925 a la cocaína como un "allotrion", palabra griega que en los medios científicos de entonces denunciaba peyorativamente la entrada en escena de un objeto extraño al universo de la ciencia. Esta decepción asociada -como pudo entreverse hasta aquí - con la muerte de Fleisch y las duras réplicas de Lewin, Erlenmayer y otros médicos alemanes o anglosajones, no carece de importancia, pues si bien y a pesar de todos sus esfuerzos científicos, Freud no descubre el principio universal de la acción de la cocaína habrá de seguir estudiando con aspiraciones científicas, pero no con las mismas herramientas, los "principios universales" de la subjetividad.

Del obstáculo de la acción de la coca sobre la subjetividad, pasará a dedicarse en Salpêtrière cuando se reuna con Charcot, al obstáculo de la anatomía "contra" la histeria.

Notas

[1] Con respecto a los primeros trabajos de investigación realizados por Freud, Ernst Jones señala que el concepto de unidad de células y procesos nerviosos parece haber pertenecido a Freud quien había hecho valiosas aportaciones sobre este tema. Aun así, el nombre de Freud no se menciona entre los numerosos pioneros de la teoría neuronal, como sí ocurrió con Wilhelm His, Auguste Forel y Ramón y Cajal.

[2] Albert Niemann fue el farmaceuta que descubrió la cocaína en forma cristalina.

[3] Pharmakon (lo que cura enferma) popularizado por Derrida, quien lo extrajo de Platón. En la antigüedad, el término pharmacon era utilizado para describir tanto a los medicamentos como a los tóxicos.Pharmacon = remedio y veneno.

[4] En:Freud devint drogman.

[5] Moreau de Tours, alumno de Esquirol, es considerado el padre de la psiquiatría experimental y el iniciador de los estudios sobre las farmacopsicosis; experimentos, estos, que lo llevaron a consumir hachís en su laboratorio. En su obra princeps, Du hachisch et de l'aliénation mentale (Del hachís y de la alienación mental), publicada en 1845, consideraba que los efectos de esa planta constituían "un medio poderoso y único de exploración en materia de patogenia mental".

[6] Puede consultarse el artículo titulado "Maldita cocaína" , publicado por Página 12 el 2/04/2000, que destaca las intenciones políticas que subyacen en Byck al presentar a Freud como precursor de la Psicofarmacología. http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/radar/00-04/00-04-02/nota1.htm>

Artículo relacionado

[7] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, "Peter Sloterdijk; Experimentos con uno mismo; Abstinencias, drogas y ritual" En Revista Oxigen, Nº 20 Febrero, 2006, (España),UE. http://www.revistaoxigen.com/Menus/articulos/vasquezrocca/sloterdijk.htm

Bibliografía
ALLOUCH, Jean. Letra por letra. Traducir, transcribir, transliterar. Editorial Edelp

BERNFELD, Siegfried. “Les etudes de Freud sur la cocaine”, en Robert Byck, De la cocaine

BRAU, Jean-Luis. Historia de las drogas. Ed. Bruguera

EYGUESIER, Pierre. Freud devint drogman

GEBEROVICH, Fernando. Un dolor irresistible. Toxicomanía y pulsión de muerte. Ed. Letra Viva.

JONES, Ernst. Vida y obra de Sigmund Freud 1. Ed. Horm

FREUD, Sigmund. Uber coca en Escritos sobre la cocaína. Edit. anagrama

FREUD, Sigmund. Epistolario II. Hyspamerica

viernes, octubre 06, 2006

¿Qué es el pensamiento lateral?









A uno le presentan un problema que no contiene la información suficiente para poder descubrir la solución. Para avanzar, se requiere de un diálogo entre quien lo plantea y quien lo quiere resolver. En consecuencia, una parte importante del proceso es hacer preguntas. Las tres respuestas posibles son: sí, no o irrelevante.

Cuando una línea de preguntas se agota, se necesita avanzar desde otro lugar, desde una dirección completamente distinta. Y aquí es cuando el pensamiento lateral hace su presentación. Para algunas personas, es frustrante que un problema “admita” o “tolere” la construcción de diferentes respuestas que “superen” el acertijo. Sin embargo, los expertos dicen que un buen problema de pensamiento lateral es aquel cuya respuesta es la que tiene más sentido, la más apta y la más satisfactoria.

Es más: cuando uno finalmente accede a la respuesta, lo que se pregunta es: “¡¿cómo no se me ocurrió?!”. *

Quiero plantear ahora un ejemplo muy interesante. No sé si es el mejor que conozco, pero sí el que generó y genera muchísimas controversias.

Aquí va: recuerde que no hay trampas, no hay cosas escondidas, todo está a la vista. Algo más: si no conoce el ejemplo, permítame una sugerencia. Trate de pensarlo solo porque vale la pena, en particular, porque demuestra que lo que usted cree sobre usted mismo a lo mejor no es tan cierto. O, en todo caso, es incompleto.

Antonio, padre de Roberto, un niño de 8 años, sale manejando desde su casa en la Capital Federal y se dirige rumbo a Mar del Plata. Roberto, va con él. En el camino se produce un terrible accidente. Un camión, que venía de frente, se sale de su sector de la autopista y embiste de frente al auto de Antonio.

El impacto mata instantáneamente a Antonio, pero Roberto sigue con vida. Una ambulancia de la municipalidad de Dolores llega casi de inmediato, advertida por quienes fueron ocasionales testigos, y el niño es trasladado al hospital.

No bien llega, los médicos de guardia comienzan a tratar al nene con mucha dedicación pero, luego de charlar entre ellos y estabilizarle las condiciones vitales, deciden que no pueden resolver el problema de Roberto. Necesitan consultar. Además, advierten el riesgo de trasladar al niño y, por eso, deciden dejarlo internado allí, en Dolores.

Luego de las consultas pertinentes, se comunican con el Hospital de Niños de la Capital Federal y finalmente conversan con una eminencia en el tema a quien ponen en autos de lo ocurrido. Como todos concuerdan que lo mejor es dejarlo a Roberto en Dolores, la eminencia decide viajar directamente desde Buenos Aires hacia allá. Y lo hace.

Los médicos del lugar le presentan el caso y esperan ansiosos su opinión. Finalmente, uno de ellos es el primero en hablar: “¿Está usted en condiciones de tratar al nene?”, pregunta con un hilo de voz. Y obtiene la siguiente respuesta: “¡Cómo no lo voy a tratar si es mi hijo!”.

Bien, hasta aquí, la historia. Está en usted el tratar de pensar una manera de que tenga sentido. Como no compartimos la habitación, o donde sea que usted esté, le insisto en que no hay trampas, no hay nada oculto. Y antes de que lea la solución, quiero agregar algunos datos:

a) Antonio no es el padrastro.

b) Antonio no es cura.

Ahora sí, lo dejo a usted y su imaginación. Eso sí, le sugiero que lea otra vez la descripción del problema y, créame, es muy, muy sencillo.

Solución

Lo notable de este problema es lo sencillo de la respuesta. Peor aún: no bien la lea, si es que usted no pudo resolverlo, se va a dar la cabeza contra la pared pensando, ¿cómo puede ser posible que no se me hubiera ocurrido?

La solución o, mejor dicho, una potencial solución, es que la eminencia de la que se habla, sea la madre.

Este punto es clave en toda la discusión del problema. Como se advierte (si quiere vuelva y relea todo), nunca se hace mención al sexo de la eminencia. En ninguna parte. Pero nosotros tenemos tan internalizado que las eminencias tienen que ser hombres que no podemos pensarla mujer.

Y esto va mucho más allá de que puestos ante la disyuntiva explícita de decidir si una eminencia puede o no puede ser una mujer, creo que ninguno de nosotros dudaría en aceptar la posibilidad tanto en una mujer como en un hombre. Sin embargo, en este caso, falla. No siempre se obtiene esa respuesta. Más aún: hay muchas mujeres que no pueden resolver el problema y cuando conocen la solución se sienten atrapadas por la misma conducta machista que condenan.

En fin, creo que es un ejercicio muy interesante para testear nuestras propias complicaciones y laberintos internos.

* Es muy vasta la bibliografía sobre Pensamiento Lateral. Con todo, es Edward de Bono, un psicólogo de origen maltés, también médico y escritor, quien se adjudica el haber “acuñado” ese nombre. El propio De Bono escribió un libro El Pensamiento Lateral, publicado por Editorial Paidós. También se puede encontrar mucho material en Internet. Algunos de los sitios más relevantes son:

1) http://www.edwdebono.com/debono/lateral.htm
2) http://es.wikipedia.org/wiki/Pensamiento_lateral
3) http://en.wikipedia.org/wiki/Lateral_thinking
4) http://eluzions.com/Puzzles/Lateral/


Por Adrián Paenza

martes, septiembre 26, 2006

Premio Lucien Freud: Psicoanálisis/Cultura

Premio Lucien Freud: Psicoanálisis/Cultura

El Ministerio de cultura porteño auspicia la segunda edición de esta iniciativa par distinguir a textos que se refieran a los intercambios entre las producciones de la cultura, el psicoanálisis y el lazo social que ello implica. El cierre de recepción de los trabajos será el próximo 15 de octubre. El jurado será internacional.

Con el auspicio del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, se realizará la segunda edición del Premio Lucien Freud: Psicoanálisis/Cultura, con el objetivo de distinguir textos referidos a los intercambios entre las producciones de la cultura, el psicoanálisis y el lazo social que ello implica. Impulsado por la Fundación Proyecto al Sur, podrán participar todos aquellos -provenientes de diferentes prácticas y ámbitos- convocados por el espacio de cruce entre el psicoanálisis y la cultura. En esta segunda edición pueden intervenir residentes en cualquiera de los países de América y España.

Los trabajos, escritos únicamente en español y con una extensión mínima de 20 páginas y una máxima de 60, deben ser entregados por vía postal a la Fundación Proyecto al Sur (Malabia 2330, piso 15 dep. D, CP 1425, Capital Federal) o personalmente en la librería Paidós (avenida Las Heras 3741 -Local 31- y avenida Santa Fe 1685, Capital Federal). Deberán enviarse a "Premio Lucien Freud/ Fundación Proyecto al Sur” un disquete y tres copias impresas de cada texto con un seudónimo, incluyéndose en sobre cerrado, los datos personales del autor. El cierre de la recepción será el 15 de octubre del 2006.

El premio consistirá en la edición del texto distinguido y en una obra de Mariano Betelu seleccionada de la serie “Ilustraciones sobre Witold Gombrowicz”. El jurado, que será internacional, adoptará sus decisiones por mayoría de votos y sus fallos serán inapelables. El dictamen se dará a conocer en marzo de 2007 en oportunidad de realizarse las próximas Jornadas de la Fundación Proyecto al Sur.

Quienes deseen mayo información, pueden solicitarla a coordinación@proyectoalsur.org

miércoles, septiembre 06, 2006

De guerra y pulsión de muerte

En el Diccionario de Psicoanálisis, de Laplanche y Pontalis, encontramos la siguiente definición de las pulsiones de muerte: ''Dentro de la última teoría freudiana de las pulsiones (las de muerte) designan una categoría fundamental de pulsiones que se contraponen a las pulsiones de vida y que tienden a la reducción completa de las tensiones, es decir, a devolver al ser vivo al estado inorgánico''.

Las pulsiones de muerte se dirigen primeramente hacia el interior y tienden a la autodestrucción; secundariamente se orientan hacia el exterior, manifestándose, entonces, en forma de pulsión agresiva o destructiva.

Este concepto fue introducido por Freud en su texto Más allá del principio del placer (1920), y permaneció fiel a este concepto hasta el final de su vida, en 1939.

Dicha teorización ha sido motivo de controversias, inclusive dentro del propio ámbito sicoanalítico. En un mundo cada vez más vacuo, la tendencia negadora y la edulcoración de los conceptos resulta intolerable para muchos, que se niegan a aceptar el mencionado concepto freudiano, a pesar de las múltiples evidencias cotidianas, no sólo en la clínica sicoanalítica, sino en el mundo en general.

Después de la Segunda Guerra Mundial se habló del hombre nuevo que surgiría de los escombros, porque había aprendido de lo sufrido y sería capaz de renovarse y apostar por la paz. Freud siempre se mostró escéptico frente a estas esperanzas y el tiempo, y los posteriores conflictos bélicos le han dado la razón. No hay hombre nuevo. Lo que existe es la compulsión a la repetición y, tras ella, agazapada y silenciosa, la pulsión de muerte.

El siglo XX fue una verdadera bofetada para la paz, un siglo vergonzoso y catastrófico, y lo poco que llevamos del XXI no resulta menos preocupante. No avanzamos sino que retrocedemos. Primero Afganistán, después el desastre inacabable de Irak y ahora, ¡el colmo!, la barbarie que representa la guerra entre Israel y Líbano.

Misiles van y vienen y, mientras tanto, como de costumbre, los que mueren son los inocentes, la población civil que vive con terror una situación dantesca, totalmente injusta y más cercana al averno que a lo que se esperaría de un mundo supuestamente civilizado. La pulsión de muerte campea a sus anchas en Medio Oriente.

Resulta consternador y terriblemente deprimente observar las escenas en los hospitales de mujeres y niños heridos, mutilados, presos de pánico. Rostros que muestran terror, dolor, desolación y unas heridas, tanto físicas como emocionales, que marcarán el resto de sus vidas.

Mueren, sufren y padecen sin justificación alguna. Lo que quedará en sus corazones será el horror y el odio, que no hacen sino engendrar más violencia. Resultará imposible elaborar situaciones traumáticas de tal magnitud. Vidas segadas y con marcas indelebles en el cuerpo y en el alma.

Cabe aquí mencionar a Levinas, cuando dice que la muerte del otro nos atañe, nos toca directamente, es también nuestra propia muerte.

Lo que sorprende, desconcierta y enfada es la falta de respuesta de la comunidad internacional para detener semejante matanza.

Aunque ciertamente no debería de sorprendernos, pues sabemos que preferirán cerrar los ojos para que sus propios intereses, fundamentalmente de índole económica, no se vean afectados.

Las imágenes son desgarradoras. ¿Cuál sería nuestra reacción si uno de esos niños mutilados fuera hijo nuestro? Clamaríamos por justicia, nos llenaríamos de rabia e impotencia.

Pongámonos en los zapatos del otro. En consecuencia, alcemos la voz y pidamos justicia para impedir muertes totalmente injustificadas. Ninguna muerte de un semejante se justifica.

martes, agosto 22, 2006

Pol Pot, de implacable asesino a espíritu venerado en Camboya
















En el pueblo donde está enterrado creen que cura enfermedades y ayuda en la lotería

En el sueño que tuvo la otra noche, dos serpientes salían de la tumba donde desde hace ocho años están los restos de Pol Pot y le dieron a su vecina, Loan Pheap, lo que según ella era un número de quiniela premiado.

No fue una sorpresa. Pol Pot, que fue uno de los más crueles asesinos en masa del siglo pasado, se ha vuelto una especie de vendedor de ilusiones para quienes le rezan con el propósito de que les haga acertar los números que apuestan.

Su tumba, ubicada entre malezas a unos 300 metros de la frontera con Tailandia, está semidestruida. Pero para muchos, aquí, Pol Pot es el espíritu guardián de las montañas Dangrek, que cura las enfermedades y reparte números de quiniela y lotería.

Los lugareños comentan que algunos visitantes quitaron de las cenizas los últimos restos de sus huesos y se los llevaron a su casa como amuletos. En la zona se está construyendo un casino para capitalizar ese botín espiritual.

El mes pasado comenzaron formalmente los preparativos para el juicio a los jefes sobrevivientes del Khmer Rouge, la organización comunista que, liderada por Pol Pot, fue responsable de la muerte de 1.700.000 camboyanos entre 1975 y 1979, casi la cuarta parte de la población. Aquí, en lo que fue uno de los últimos bastiones del Khmer Rouge antes de que se produjera la caída de ese movimiento guerrillero en 1998, a algunos de sus líderes más denigrados se los recuerda con lealtad y afecto.

"No era un mal tipo", dijo Loan Pheap, que durante el régimen de Pol Pot formó parte de una brigada militar femenina y ahora vende nafta y plantas de su propio vivero, que está al lado de la tumba de Pol Pot.

"Todavía lo considero mi padre", expresó la mujer. "Se ocupó de mi casamiento porque mis padres y mis suegros habían muerto."

Anlong Veng, un pueblo monótono y cubierto de lodo en el extremo norte camboyano, está de luto ahora, debido a la muerte de otro jefe máximo, Ta Mok, que falleció el 21 de julio pasado, a los 80 años. Queda ahora apenas un puñado de frágiles y envejecidos hombres como potenciales acusados.

Cientos de personas asistieron a su funeral y lloraron la muerte de un hombre que está acusado de ordenar decenas de miles de asesinatos, pero a quien recuerdan como un patrón benévolo que repartía arroz y ganado a pesar de que ejecutaba a quienes violaban sus austeras reglas comunistas.

Como jefe comunal de Anlong Veng, Ta Mok prohibió y castigó con la pena de muerte el robo, el estado de ebriedad, la prostitución, los casamientos con personas ajenas a la comuna, la empresa privada, cualquier contacto con gente de afuera y escuchar otra radio que no fuera la del Khmer Rouge.

Rechazo al nuevo mundo

Esas reglas, y los carteles que informaban sobre ellas en el edificio de la escuela y por todos lados, han sido reemplazadas por símbolos del nuevo mundo que se ha arraigado aquí. En la entrada del pueblo se puede ver una pared con afiches publicitarios de cerveza Bayon, de cigarrillos Luxury y de condones Number One.

Muchos habitantes locales están resentidos por los cambios. "Más que malos", dijo un campesino, recordando lo que, según se decía, era una época de pureza, orden y disciplina. "Yo lo amaba", afirmó Yun Hat, ex soldado del Khmer Rouge que perdió una pierna, al igual que Ta Mok, con la explosión de una mina. "Nos dio todo lo que necesitábamos. Vivíamos con amor y felicidad. Nunca lo vi cometer un crimen."

Pero tanto él como su amigo, Em Man, se lamentaron de que Ta Mok no hubiese vivido para hacerles frente a sus acusadores y decirles a quienes habían depositado su fe en él si en realidad había sido un asesino de masas.

"Ya no es nada", se lamentó Em Man, campesino que dijo haber sido chofer de Ta Mok y que usaba una cinta roja de luto en la muñeca. "No podrá responder a ninguna pregunta. Quería que explicara en la corte lo positivo y lo negativo de su vida. Nunca lo vi matar a alguien", agregó.

Ahora, como Pol Pot, ese hombre acusado de aterrorizar a su país, tiene un deslucido y desolado lugar de descanso eterno: una tumba de cemento sin inscripciones sobre una plataforma cubierta de arena marcada con las huellas de vacas errantes y donde los perros suelen defecar.

Es difícil considerar cómo enterrar a un genocida. Pol Pot fue cremado en abril de 1998 sobre un montón de gomas y muebles viejos. Quizás esa despedida sea apropiada para los líderes que gobernaron según el adagio de "dejarte vivo no es una ganancia ni una ventaja; matarte no es una desventaja ni una pérdida".

Algo que parece ser una tradición del Khmer Rouge es que la gente ya ha empezado a afirmar que también el espectro de Ta Mok comenzó a repartir números de quiniela y lotería. E incluso el gobierno se metió en el juego, con la esperanza de convertir las tumbas en atracciones turísticas.

Por Seth Mydans
Del International Herald Tribune

martes, agosto 08, 2006

Hay goces y goces

Sergio Rodríguez
En: Página 12


“Goce” y “placer” son dos palabras que en el lenguaje vulgar se intercambian habitualmente: no es así para el psicoanálisis, a partir de la enseñanza de Jacques Lacan. Como suele suceder con los descubrimientos o invenciones, Lacan, al producir un nuevo concepto, lo nominó con un viejo significante. Comentaré un fragmento de su trabajo “Psicoanálisis y medicina”: se trata de una conferencia pronunciada ante un auditorio de médicos, no psicoanalistas.

Dijo entonces Lacan: “¿Qué se nos dice del placer? Que es la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, la atempera más, por lo tanto aquello que nos detiene necesariamente en un punto de alejamiento, de distancia muy respetuosa del goce. Pues lo que yo llamo goce, en el sentido que en el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña. Incontestablemente hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor, y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada (...) Este cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensión de la extensión: un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo”.

En la primera parte del fragmento, Lacan expone con sus palabras la definición que ya Freud había dado sobre el llamado “principio del placer”, donde el placer se vincula con la reducción de una tensión. En cambio, él advierte que el goce, “en el sentido que en el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión”. Aquí Lacan describe el goce a partir de lo básico: cómo se lo percibe y se lo experimenta en el cuerpo. Se trata de un observable en la práctica. En ese sentido, afirmo: es imposible no gozar. Seguramente, los lectores de este texto están experimentando de un modo o de otro su cuerpo. En algún lugar tienen alguna tensión, en algún lugar algún dolor, en algún lugar andan pensando que tendrían que ir al masajista.

Y Lacan agrega que el goce es del orden “del forzamiento”. Esto también marca una gran diferencia con el placer: en el placer no se fuerza. Y añade Lacan: “... del gasto”; el goce gasta, algo se pierde. Y agrega todavía “... incluso de la hazaña”: aquí ya sale de la descripción del goce en el cuerpo y salta a lo simbólico-imaginario. La hazaña es una determinada realidad con que el sujeto se expresa. Especialmente los hombres somos muy adictos a creernos héroes de hazañas, y esto sucede particularmente en los obsesivos. Siempre tenemos que mostrar que podemos un poco más.

El fragmento sigue con que “hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor”. Destaco que es “donde comienza” el dolor. Hay una cierta vulgarización psicoanalítica para la cual el goce sería en sí mismo dolor, sufrimiento: puede serlo, sí, pero sólo a veces. Lo cierto es que, cuando comienza a aparecer el dolor, el cuerpo se empieza a experimentar. Entonces, continúa Lacan, “puede experimentarse una dimensión del organismo que de otro modo queda velada”. Los intestinos nos pasan inadvertidos hasta que se producen retortijones. La existencia de la musculatura lisa no se advierte hasta que duele o entra en tensión.

En otro lugar del mismo trabajo, Lacan dice: “Este cuerpo no se caracteriza simplemente por la dimensión de la extensión: un cuerpo es algo que está hecho para gozar, gozar de sí mismo”. La frase “de sí mismo” no es común en Lacan. Es mucho más común en Freud, en Winnicott, en Hélène Deutsch; en Lacan, no. Aquí viene a centrar el goce como un goce de sí mismo. Este es un punto clave: tiene mucho que ver con los desencuentros que se producen entre la gente, ni qué decir entre los amantes.

En el seminario “Aún”, donde Lacan toma a fondo esta cuestión, Lacan se refiere a la causa del goce. Hasta entonces, los lacanianos estaban habituados a colocar en el campo de la causa sólo el objeto como perdido, ya que Lacan se había centrado en la cuestión del deseo. El goce, aunque está articulado con el deseo, es otro tema. Y reconoce una causa que no es la del deseo. Si el deseo surge causado por la pérdida de objeto, la causa del goce está en el significante. Lacan da una explicación muy sencilla: “¿Cómo saber dónde y con qué gozar si no disponemos del significante?”. Cada pedazo de nuestro cuerpo está nominado por algún significante, y lo mismo sucede con cada pedazo del cuerpo del otro. La disposición de estos significantes es lo que nos permite saber qué hacer cuando nos disponemos a ejercer el goce.

Y, también, el significante permite saber ponerle punto final a cada circunstancia de goce. Si no se supiera ejercer el final del goce, éste sólo podría ser la muerte o cualquier variante invalidante. Hay una película que, además de ser hermosa en sí misma, resulta muy interesante para esta cuestión: El imperio de los sentidos. Es muy interesante observar el movimiento que, con relación al goce, se produce en los dos protagonistas, y cómo, cuando el significante deja de funcionar como causa final del goce, en ese momento sucede la muerte.

Exquisito, pero...

Lacan fue discriminando diferentes tipos de goce. Y tiene especial importancia observarlos en su variación. El goce es, fundamentalmente, goce fálico. En primer lugar, porque el goce fálico está limitado por el significante. En la película que mencioné, por no estar limitado por el significante, se pierde incluso lo que toma el lugar de encarnadura del falo: el pene de uno de los protagonistas. El goce fálico, al tener relación con el significante, la tiene con el establecimiento de una realidad. Sin embargo, observa Lacan en “Aún”, el significante es necio; es lo que permite mantener la relación habitual entre la gente, la relación imaginaria, que es necesaria pero a costa de la necedad, de perder la posibilidad de ver y captar muchas cosas en términos que permitan producir algo nuevo.

Y también se refiere Lacan al goce del Otro. Hay una cuestión radical: no hay acceso al goce del Otro. El goce es “de sí mismo”, goce del propio cuerpo. De lo que le pasa al otro vamos a hacer mil interpretaciones, vamos a creer y a querer creer mil cosas, pero, por lo general, ni el otro mismo sabe qué le pasa. Especialmente si es una mujer.

Pero Lacan va a desarrollar el tema del goce del Otro como fantasma neurótico. Es uno de los fantasmas neuróticos más lamentables, más graves para las sociedades: buena parte del racismo, de las guerras, de las luchas o encontronazos sociales tiene que ver con esa ilusión neurótica de que, mientras uno no goza, el otro sí goza.

En cuanto al psicótico, se siente gozado por el Otro por sus voces, las alucinaciones, a lo cual responderá en forma delirante. Se sentirá gozado por ese Otro imposible de callar. Más adelante, en el seminario “El sinthome”, Lacan va a señalar que el goce del Otro es, en realidad, “del Otro que no hay”. Esto se vincula con que no podemos saber cómo el Otro goza. Conviene aclarar esto para no suponer que, por ejemplo, Fulanito es gozado por el padre o por la madre: ése será en todo caso el fantasma o el delirio de Fulanito.

Y finalmente está lo que Lacan llama el Otro goce; a veces también lo llama el goce femenino, y lo describe como no limitado por el significante. Acceder a este goce es menos improbable para las mujeres que para los hombres, especialmente para la mujer que ha logrado salir de la posición histérica, que es un obstáculo para el goce femenino. En la posición histérica, las mujeres gozan de su cuerpo como falo, o no van más allá del goce de su clítoris; encuentran un obstáculo parecido al que encuentra el hombre para gozar. Pero, por fuera de esa posición, llega a ser accesible un goce del que podría decirse que abarca todo su cuerpo. En todo caso, de ese goce no se puede dar cuenta; es un goce inefable que no pueden transmitir, no lo pueden expresar en palabras. No está limitado por el significante. En el varón, en la medida en que el goce fálico se reduzca al pene, obstaculiza el del resto del cuerpo. Es cierto que el pene es un órgano de goce tan exquisito que puede hacer obstáculo a que goce del resto del cuerpo. En el varón tiene que haberse producido un importante movimiento de libidinización del resto del cuerpo, debe haber perdido cierto peso el goce del pene, para que pueda haber algún acceso al goce femenino.

* Extractado de En la trastienda de los análisis, vol. 4.


lunes, julio 24, 2006

Jaculatoria manifiesta


rézame
embrújame
céntrame
concéntrame
tómame
madrúgame
canélame
entrebáilame
tenme
entiémpame
empiélame
empléame
entrepiérname
envuélveme
pubísame
avísame
aprisióname
elígeme
tempráname
encandílame
claréame lévame
llévame
llámame
lluéveme
cállame
diferénciame
recórreme
distíngueme
enyémame
enjuévame
ábreme
recíbeme
átame
desátame
persígueme
arrópame
suspírame
ladérame
agítame
nicotíname
acósame
dientéame
resucítame
circúlame
madérame
esperánzame
acúname
vientréame
siénteme
encímame
enséñame
ensiéname
líbrame
galópame
azúlame
hembréame
hermáname
mañáname
espíname
acéchame
hamácame
amárrame
amásame
ensélvame
enrédame
abrílame
lámeme
alméame
enciéndeme
saetéame
estoquéame
insómniame
enllúviame
alégrame
emborráscame
ventáname
enhójame
deshójame
enrámame
ármame
desálmame
amórame
arómame
achíname
enchínchame
enlúname
resábiame
aguitárrame
astíllame
ampárame
enrúmbame
embálame
enrámame
recórreme
empálmame
enmúgrame
encuéntrame
enlúchame
encúbreme
estréllame
asómbrame
desgárrame
enguérrame
siéntame
arrodíllame
sujétame
corcélame
cabálgame
revélame
aquiétame
afírmame
enceguéceme
marinéame
rásgame
arrincóname
enzaguáname
aléjame
azuléjame
azafráname
luciernágame
castáñame
coróname
corazóname
espárceme
arbólame
puéblame
algazárame
avelláname
alborózame
conténtame
camíname
gózame
estrújame
ultrájame
bullaranguéame
desgárrame
esperánzame
golpéame
lácerame
quémame
guerréame
fréname
desenfréname
acentúame
extenúame
persígname
apresúrame
jardinéame
solápame
endiósame
endiáblame
cascájame
encántame
hechízame
solicítame
necesítame
neblíname
charáguame
charángame
escopétame
agállame
visióname
engáname
enrútame
cópiame
cronópiame
defiéndeme
declárame
inclúyeme
fortaléceme
inclíname
ordéname
álzame
levántame
despiértame
espúmame
empúñame
respírame
acométeme
resóplame
retúndame
enarbólame
volcáname
oriéntame
irrádiame
aguíjame
llégame
abúndame
felíname
preténdeme
absórbeme
torréntame
fecúndame
escárbame
abalánzame
enráyame
broncéame
embróncame
revuélveme
titáname
enmárchame
esgrímeme
desencadéname
yérgueme
víbrame
truéname
atorbellíname
échame
tardéceme
nochéseme
deséchame
entiérrame
destiérrame
desentiérrame
empátriame
sálvame

pablo mora